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Las nanopartículas de metal

Evitar el contacto con bacterias no es sólo importante para prevenir enfermedades sino también para mantener nuestro organismo saludable, no contraer enfermedades y permitir la mayor efectividad de los antibióticos. Actualmente las empresas farmacéuticas se desviven para encontrar nuevas fórmulas antibióticas dado que el organismo humano cada vez adquiere más resistencias a los antibióticos, reduciendo así la cura definitiva de las infecciones.
Siguiendo esta línea de investigación, están emergiendo nuevas aplicaciones antimicrobianas de la nanotecnología. Esta nueva vertiente de la ciencia se dedica a pequeñas estructuras hechas con minúsculas partículas capaces de rehuir la adhesión de bacterias a las superficies y así garantizar la seguridad de la población.
Según la International Journal of Nanomedicine, la nanotecnología aprovecha las extraordinarias propiedades antibacterianas de elementos químicos como el zinc, el cobre o la plata reduciendo su tamaño a dimensiones minúsculas. Estas propiedades bactericidas, su estructura física de nanopartícula y su modo de interactuar y penetrar dentro de las bacterias hacen de estas partículas un mecanismo único de lucha antibacteriana.
Esta revista publica un artículo basado en estos nuevos materiales y en los últimos descubrimientos al respecto. Se hizo un experimento poniendo a prueba las capacidades de estos materiales. En primer lugar, se expuso la bacteria E.Coli, causante de cuadros gastrointestinales y de malestar abdominal, a óxido de zinc y se observó que transcurridos unos minutos la membrana de este microorganismo presentaba irregularidades, hecho que conllevaba una pérdida de función y viabilidad de la bacteria. Posteriormente, se estudió la influencia de la plata sobre estos microbios. Se procedió a sumergir estas bacterias en una solución compuesta por partículas de plata y, al cabo de una hora, se observó una disminución de su magnificación y proliferación. De modo que, se concluyó que ambos materiales poseían verdaderamente criterios bactericidas.
Asimismo, se probó también con cobre. Estableciendo contacto con cobre, estas bacterias reducían su supervivencia al 90%, hecho que permitió demostrar la eficacia de este material como herramienta viable en la prevención del contagio de microorganismos.
La industria química sigue experimentando e indagando en este nuevo campo de investigación. Algunos de los materiales sobre los que se ha hecho hincapié han sido el silicio, el aluminio y el titanio, compuestos que ya se conocían como posibles bactericidas pero a los que se está introduciendo en el mundo de la nanotecnología para ampliar posibles aplicaciones prácticas. Se conoce que algunas bacterias parecen sobrevivir a estas partículas químicas, pero las nanopartículas más diminutas, menores a 30nm, son realmente las más capaces de penetrar en el cuerpo de las bacterias, interferir en su membrana y evitar su viabilidad.
En conclusión, debido a la importancia de la prevención de enfermedades y el mantenimiento de un organismo saludable, las nanopartículas han recibido especial atención por su potencial efecto bactericida y sus posibles aplicaciones en centros hospitalarios y en el hogar.